22 de agosto de 2008

Como agua

Ella se vio forzada a escapar.
De nuevo.

Acorralada en el callejón de la injusticia.

Intimidada por los recuerdos de un pasado doloroso, que se revivía absurdamente en su presente.
Lo había estado temiendo durante años, mas llegó por sorpresa, como un aguacero en verano.

Objeto de mofa y calumnia, se sintió ultrajada.
Como si ella fuese aún el motivo de su desgracia.

Adelantó su huída precipitada a su marcha planificada.
Volvió a comprar su libertad nueva.
Pagó de nuevo por su intimidad firmada, sentenciada por jueces, mas por él negada.
Empaquetó aprisa y dejó su hogar.

Allí, ahora, las damas de noche se rebelaron y cayeron muertas sobre la hierba seca. Las hojas marchitas se amontonan unas sobre otras. Las enredaderas lucharon por abandonar los muros, y cayeron exhaustas.
El jazmín expiró en perfumes rancios. Se acurrucó sobre sí mismo abandonándose al sol.
La vida escapa, como ella, del jardín, y se camufla en una de sus maletas.
Encerró entre muros y ventanas del hogar sin calor, los reproches mutuos y los gritos huecos.
Lapidó el pasado y le dio la espalda.
Esa espalda que tantos vacíos lastraba.
Mas se sorprendió liviana y fresca.
Como agua.

5 comentarios:

ybris dijo...

Muy bien expuesto.
Duelen esas huidas precipitadas con las que tenemos que comprar nuestra libertad.
Vaya si duele lapidar el pasado.
Pero no hay otro modo de emprender el vuelo si no es dejando el suelo abajo.

Besos, Carmen.

PARADOXIA dijo...

Se necesita valor para ser libres, aunque parezca absurdo...si duele pelear por lo que somos.
Mi admiracion.

Pedro (Glup). dijo...

Después de tanta desgracia, sentirse liviana y fresca, como agua, es un autentico ejercicio de valentía, casi un milagro.
Enhorabuena.

maRia dijo...

Un abrazo, Carmen.
Lapidar el pasado a veces es imposible.

Bohemia dijo...

Hay que ser valiente para emprender la huida...

Un abrazo Carmen