2 de noviembre de 2008

Nuevos espacios

Los olores y sonidos de esta casa no dejan de sorprenderme.
La vecina de arriba canta a su bebé y acalla su llanto de un modo casi mágico, en momentos sorprendentes que son un regalo, en los que muchos afinamos el oído, cada cual sabe qué llanto silencia o qué sosiego encuentra.
La abuela de al lado cocina con mimo para su nieto, al que cubre de elogios y mimos.
Por las tardes se elevan al cielo las risas de los niños que juegan en el jardín que comparten.
En la torre de los lavaderos, los uniformes blancos de la enfermera de arriba se camuflan entre las nubes.
El abuelo que riega los geranios siempre a la misma hora, la adolescente melancólica asomada a la ventana reflexiona su atuendo, el joven que busca cobertura en su móvil saca medio cuerpo por la ventana, la mujer madura que saca brillo de espejo a sus cristales.
Gentes, vidas.
Me inserto, me acoplo, y vivo.

1 comentario:

Bohemia dijo...

Me encanta mirar por la ventana y observar lo que me rodea, hace poco escribí de ello en mi blog...manten siempre abierto los ojos y los sentidos...es una buena inspiración!

Abrazos