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29 de octubre de 2010

A pesar de todo

Caminaban delante de mí, y no puede evitar oír su conversación.
Ella era una linda muchacha, jovencísima, bella y cálida. Su melena rubia y lacia se mecía al compás de su paso lento, porque vigilaba a su acompañante con mucha atención. Él era un niño,  pero no podría adivinar su edad, porque el síndrome de Down me confunde mucho,  sólo puedo decir que era muy joven y que su paso era alocado, y daba cabezazos cariñosos a su madre a la altura de sus hombros. Preguntó:
-         mamá ¿porqué papá pasa tan poco tiempo conmigo?
Ella,  muy acostumbrada a ese tipo de preguntas (porque no se sorprendió en absoluto) le contestó:
-         Cariño, papá trabaja mucho,  para que salgamos los tres adelante… ¿no lo sabes ya, cielo?
-         Si mami, pero es que tengo ganas de ver a papá…
-         Anda, vamos vida, que pronto papá llega a casa y le gusta cenar con nosotros. ¿me ayudarás a poner la mesa, como siempre?
-         Mami… ¿soy malo alguna vez contigo?
-         Jamás,  amor mío.

Me puse las gafas de sol, porque no quería que nadie viera que  me brotaban las lágrimas sin control alguno.

12 de febrero de 2008

Mírame, madre

Quiero que sepas, mientras pueda decirte.
Aprendí con tus lecciones. Incluso de tus errores... aprendí.

Sé de sacrificios.

Conozco el precio que se ha de pagar, por ser libre.
Supe perderlo todo.

Trabajé como tú, por recuperar la dignidad que el amor mal entendido roba.
Heredé tu vestido de soledades. Con él me disfrazo en carnaval, y con papelillos de colores en el pelo, me asomo al balcón para que el levante se los lleve.

Madre: voy a llamarte ahora.
Sé que estas enferma hoy, y charlaremos sobre la vida. Sobre mis hermanos. Sobre mi padre que se fue.
Oiré tus mismas historias, que aprendí ya de memoria… pero no importa.
Mírame, madre. En la mujer en la que me he convertido…