de un antiguo blog, un recuerdo, para Mercedes
Mercedes "la tonta"
De las pocas personas que a su paso por mi infancia, ha dejado una huella inmortal en mi corazón, ha sido Mercedes, a quien todos apodaban "la tonta".
Se rumoreaba que su madre la parió en el inodoro de su casa, y que al caer a la taza, se golpeó el cráneo, justificando ese incidente escabroso el de su apodo despiadado.
Rondaba los cuarenta años cuando mi abuelo la acogió en su casa. Su madre, perdido por completo el juicio, la echó a la calle. Deambulando, entró por casualidad en el patio de la casa familiar, entonces decorado con una bella fuente de mármol, peces de colores, y un musical chorro de agua helada. Allí la encontré por primera vez, observando sonriente a los peces al tiempo que les cantaba.
A mis cinco años, Mercedes "la tonta" era alguien especial para mí.
Cuando reía, sus manos sin uñas tapaban sus cuatro dientes grises, y se agachaba graciosamente como para esconderse, cayéndole al suelo sus gafas de cristal grueso, que había encontrado en un parque. Decía que con ellas, al ser mágicas, podía distinguir a las buenas personas entre las malas, a los ángeles entre los demonios.
Detestaba el agua caliente. Acostumbrada a lavarse con una gran esponja, jabón verde y agua helada, aún en invierno. No le importaba que me quedase con ella mientras se aseaba. Fueron los primeros pechos que vi. Los más bellos que jamás haya contemplado.
Como cualquier otro día, al volver del colegio, fui a buscarla a casa de mis abuelos, en la planta baja de la casona, camino de mi hogar en la planta más alta. Había desaparecido. Lloré amargamente varios días su marcha repentina.
Me contaron que su madre agonizaba en el pueblo, y que habían venido a buscarla para que se hiciese cargo de ella.
Su madre, tardó ocho años en morir.
En ese tiempo aprendió a escribir. Un día recibí un sobre mugriento, y en un papel cuadriculado, con una caligrafía pésima me explicaba que un demonio había venido a buscarla para cuidar de otro demonio. Que había llorado amargamente por no poder despedirse de los ángeles de casa. Y que me recordaba cada día.
Al poco de morir su madre, ella enfermó y murió.
Nadie supo explicarme de qué, ni cómo. O nadie quiso hacerlo.
Últimamente viene a mis sueños a menudo. Tanto, que creo que hasta que no cuente su historia, no los abandonará.
Pocas fuimos las personas que tuvimos el privilegio de conocer un alma tan pura. Yo era una niña. Ya no.
La finca fue vendida y restaurada por sus nuevos dueños al morir mis abuelos.
Ya no hay peces de colores, desapareció la fuente. Se fue la música del agua.
Pero al pasar por delante del antiquísimo portal, aún resuenan entre las columnas arabescas de mármol, las risas escondidas de Mercedes "la tonta".
22 de enero de 2008
20 de enero de 2008
Con las olas
Tomo el testigo
Mi intrusión ilegal en el mundo de la blogosfera, fue gracias a E, quien fue mi maestro en muchas artes, mi amor platónico en una ocasión, y mi amigo siempre.
Gracias, E. Nunca sabrás nada de todo esto.
Pero una noche cualquiera, "Cuaderno de José" fue una luz, que me inspiró para crear este nuevo blog, desde una personalidad nueva, desde mi renacimiento. Me internaba en su cuaderno y observé que no colgaba nada nuevo. No creo en las casualidades, todo sucede por alguna razón, y mi última visita a su cuaderno cerrado, ha servido para que ese desconocido estrenara la lectura de este blog, y lo hiciera con un comentario que he agradecido e interpretado, como la entrega de un testigo virtual, que en pleno caminar, tomo fuerte, para seguir andando.
Para seguir avanzando.
Para seguir creciendo.
Agregando, agregando, agregando...
Gracias, quien quiera que seas.
Gracias, E. Nunca sabrás nada de todo esto.
Pero una noche cualquiera, "Cuaderno de José" fue una luz, que me inspiró para crear este nuevo blog, desde una personalidad nueva, desde mi renacimiento. Me internaba en su cuaderno y observé que no colgaba nada nuevo. No creo en las casualidades, todo sucede por alguna razón, y mi última visita a su cuaderno cerrado, ha servido para que ese desconocido estrenara la lectura de este blog, y lo hiciera con un comentario que he agradecido e interpretado, como la entrega de un testigo virtual, que en pleno caminar, tomo fuerte, para seguir andando.
Para seguir avanzando.
Para seguir creciendo.
Agregando, agregando, agregando...
Gracias, quien quiera que seas.
19 de enero de 2008
Año par... 2008
Este va a ser el año... es un año par, y le estoy echando un par...
He recogido, a estas alturas, el árbol, y el belén.
He desarmado entero el trastero.
He tirado muchas cosas inútiles, que no sirven para nada. Aún peor, nunca sirvieron.
Las bolas viejas se tiraron ellas solitas de cabeza al contenedor, locas por jubilarse.
Juguetes viejos, herramientas oxidadas, puzles incompletos, repuestos rotos, recuerdos absurdos... ahí apareció de todo. Tan sólo conservé un pequeño conejito amarillo que viene acompañando a cada primogénito de generación en generación, y que encontró un hueco entre las guirnaldas violetas de este año. Dos enormes sacos. Me ha sorprendido el tamaño del trastero, lo vi enorme.
Sé que no habrá próxima Navidad en este casa. Sé que este año, nos mudaremos mi hija y yo. Ambas lo deseamos desde hace tiempo.
Este año estoy superando muchas cosas, porque ya empiezo a notarlo.
Me he liberado de mucho peso, mucho. Ya no guardo rencor, ni culpa, ni angustia, ni desesperanza, ni timidez, ni compostura, ni reparos, ni recuerdos, ni complejos, Lo he desechado todo. Y me ha sorprendido igualmente, mi espacio.
El trastero ha quedado vacío. No voy a llenarlo porque sé que me iré.
Pero en mí, ha quedado un enorme hueco, hueco que ya empieza a llenarse de aire fresco, atrapando voraz nuevos sentimientos, sensaciones, necesidades, deseos, esperanza. El vacío succiona atrapando sólo aquello que filtra la razón, que selecciona el corazón, y que mi alma agrega, agrega, agrega...
He recogido, a estas alturas, el árbol, y el belén.
He desarmado entero el trastero.
He tirado muchas cosas inútiles, que no sirven para nada. Aún peor, nunca sirvieron.
Las bolas viejas se tiraron ellas solitas de cabeza al contenedor, locas por jubilarse.
Juguetes viejos, herramientas oxidadas, puzles incompletos, repuestos rotos, recuerdos absurdos... ahí apareció de todo. Tan sólo conservé un pequeño conejito amarillo que viene acompañando a cada primogénito de generación en generación, y que encontró un hueco entre las guirnaldas violetas de este año. Dos enormes sacos. Me ha sorprendido el tamaño del trastero, lo vi enorme.
Sé que no habrá próxima Navidad en este casa. Sé que este año, nos mudaremos mi hija y yo. Ambas lo deseamos desde hace tiempo.
Este año estoy superando muchas cosas, porque ya empiezo a notarlo.
Me he liberado de mucho peso, mucho. Ya no guardo rencor, ni culpa, ni angustia, ni desesperanza, ni timidez, ni compostura, ni reparos, ni recuerdos, ni complejos, Lo he desechado todo. Y me ha sorprendido igualmente, mi espacio.
El trastero ha quedado vacío. No voy a llenarlo porque sé que me iré.
Pero en mí, ha quedado un enorme hueco, hueco que ya empieza a llenarse de aire fresco, atrapando voraz nuevos sentimientos, sensaciones, necesidades, deseos, esperanza. El vacío succiona atrapando sólo aquello que filtra la razón, que selecciona el corazón, y que mi alma agrega, agrega, agrega...
8 de diciembre de 2007
Un año más llega la Navidad
Y por más que busco a mi alrededor, no encuentro la clave para convivir con ella sin que me asalte una tristeza infinita.
Pereza de rebuscar entre las cajas del trastero, el árbol, las guirnaldas, las bolas, el portal de belén, y todas esas figuritas sin vida que fotografiaron un momento de la historia, que ni siquiera se sabe con certeza que ocurriese.
Y cada año, coloco a la virgen mirando a su retoño, al padre custodiando la entrada, al niño mirando a la vaca y al buey, a los reyes magos acercándose , regalo en mano, guiados por la estrella que mi hija pintó y recortó hace algunos años. Pendiendo de hilo, meciéndose a la suave brisa que levantas a tu paso frente al escenario frío e irreal, gira y gira, mostrando sus dos caras amarillo limón.
Salpico el verde de colores, intentando que las bolas guarden armonía. Propósitos de enmienda entre bola y bola, ruegos entre guirnalda y guirnalda, promesas por cada vela encendida, deseos de salud, paz, y amor para los míos. Y cada lágrima que consigue aflorar a mi rostro, recibe un manotazo rápido antes de que mi hija la vea.
Intento convivir con la navidad cada año.
E intento convivir con mi soledad cada día.
Pereza de rebuscar entre las cajas del trastero, el árbol, las guirnaldas, las bolas, el portal de belén, y todas esas figuritas sin vida que fotografiaron un momento de la historia, que ni siquiera se sabe con certeza que ocurriese.
Y cada año, coloco a la virgen mirando a su retoño, al padre custodiando la entrada, al niño mirando a la vaca y al buey, a los reyes magos acercándose , regalo en mano, guiados por la estrella que mi hija pintó y recortó hace algunos años. Pendiendo de hilo, meciéndose a la suave brisa que levantas a tu paso frente al escenario frío e irreal, gira y gira, mostrando sus dos caras amarillo limón.
Salpico el verde de colores, intentando que las bolas guarden armonía. Propósitos de enmienda entre bola y bola, ruegos entre guirnalda y guirnalda, promesas por cada vela encendida, deseos de salud, paz, y amor para los míos. Y cada lágrima que consigue aflorar a mi rostro, recibe un manotazo rápido antes de que mi hija la vea.
Intento convivir con la navidad cada año.
E intento convivir con mi soledad cada día.
20 de octubre de 2007
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